Tradúceme

24 agosto 2009

5. EFRAIN


Cuando empezó a trabajar allí, nunca pensó lo que podía sucederle. No tenia miedo a trabajar solo, ni mucho menos, le gustaba, no era amigo de las multitudes y la noche iba mucho con su personalidad.
Aquella noche, mientras hacía la ronda por el exterior de la fábrica que vigilaba, se habían acercado a él. Solía ponerles agua y hasta les guardaba siempre algo de sus sobras de la cena. Siempre agradecidos pero desconfiados, perros abandonados por dueños crueles, por cazadores sin escrúpulos, por gente que se había aburrido de sus juguetes. Aquella noche había uno al que no había visto antes. Se había quedado un poco apartado del grupo.
Efraín lo llamó y pudo distinguirlo, era un pastor alemán, de los mal llamados perros lobo. Se acercó lo suficiente y pudo verle la mirada. Una mirada perdida, lo achacó al hambre y le tendió su mano con un trozo de pan. Sin esperárselo vio como el animal le propinaba un mordisco en su antebrazo, un mordisco limpio en el que solo marcó un colmillo y le soltó. Se dio la vuelta y salió corriendo seguido del resto de los perros.
Apenas le había dolido, fue mas el susto, se dirigió al botiquín y se curó con un poco de alcohol y se puso una gasa y una venda. Ya estaba, se encontraba bien. Se miró en el espejo, tendría que afeitarse al llegar a casa, le parecía que cada vez le crecía antes su barba.
Fue desde ese día que empezó a descuidar su trabajo, en vez de vigilar se dedicaba a deambular por los alrededores de la fábrica a la captura de pequeños y grandes roedores. Los comía y le gustaban.
Pero fue una noche de luna llena cuando observó que su cuerpo cambiaba. Se le ensancharon los pies y las manos pareciendo más unas pezuñas y unas zarpas, le creció el pelo desmedidamente y en su boca noto crecer unos incisivos descomunales. Esa noche no dejo de capturar presas que devoró con gran ansia. No cesaba de necesitar más y más. Cuando cayó rendido, al despertar su aspecto era normal.
Ese mismo día fue despedido por no haber cumplido con su trabajo. No había realizado ninguna de las rondas nocturnas con sus respectivos controles. No tenía excusa ni tampoco las buscó. No le costó mucho encontrar un nuevo trabajo, su pasado en las fuerzas de seguridad del Estado le servía de referencia. El problema era que su nuevo trabajo debía realizarse en plena ciudad. Su caza nocturna sería muy especial.

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