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21 agosto 2009

3. EMIBEL



Emibel era dulce, cariñosa, extrovertida, jovial, alegre. Tenía infinidad de amigos. Sabía relacionarse, no le suponía ningún problema. Solía quedar siempre que podía con ellos, si su trabajo no lo impedía.
En las noches blancas de luna llena todo cambiaba. Cenaba callada y esperaba a que su marido y su hijo se fueran a dormir y ya a solas, abría el mueble del salón y sacaba de su caja unas cartas del tarot.
Le gustaba echarlas en su soledad y en su silencio. Utilizaba el método de la cruz simple, era el más sencillo y a ella siempre la había dado resultados excelentes.
Carta Izquierda: estado actual del consultante, su situación, sus problemas. Carta Derecha: su mundo exterior, lo que le rodea y cómo influye en su estado actual. Carta de Arriba: sentimientos, estado de ánimo, pensamientos, ideas, opiniones, su yo interior relacionado con su situación. Carta de Abajo: desenlace, destino, solución a su situación.
Normalmente las echaba a gente que no conocía, gente que asomaba a su televisor, gente que no le importaba. Pasados los días, veía en ese mismo televisor, que sus predicciones se cumplían una tras otra.
Aquella noche, sin saber muy bien por qué, las echó pensando en su marido. Primero la carta izquierda, después la derecha, siguió con la superior, todas sin ninguna novedad, de sobra sabía ella como se encontraba su marido, sus problemas, sus sentimientos. Carta inferior, sintió un escalofrío, el Gran Arcano XIII, la muerte e invertida.
Se tumbó en el sofá del salón mientras pensaba en el significado de esas predicciones. La muerte invertida, sabía que eso significaba una larga enfermedad de su marido para acabar muriendo. Una larga agonía. No podía consentirlo, lo quería demasiado para verlo sufrir.
Se levantó y fue a la cocina, bebió un baso de agua fresca, tenia la boca seca, abrió el cajón de los cubiertos y cogió un cuchillo fino y alargado.
Subió las escaleras pesadamente, entró en el dormitorio, se desnudó y se acostó pegada a él. Dormía profundamente. A la luz blanca de la luna que entraba por la ventana, se unió el rojo sangriento de una vida que se extinguía, suavemente, dulcemente casi y sin ningún dolor.

1 comentario:

Reflexiones de Emibel dijo...

Gracias por ponerme de protagonista en uno de tus relatos.
Muy bonito pero, tranquilo, que no voy a hacerte nada.